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VINTAGE

Actualizado: 14 ene


Últimamente me llega todo lo que una vez vi que llegaría.

Cada vez que miro, las agujas de mi reloj de arena giran en sentido contrario a la brevedad del mármol.

Y a mí nadie me da forma con martillo y cincel.


Es como cuando jugábamos a deshojar margaritas pero nadie le preguntaba a la margarita si le dolía ser desmembrada.

Como unos romanos atacando Cartagena sin importar los elefantes.

Como un ejército levantando un muro de separación entre lo que fue y lo que será.


La inocencia se apila en almacenes de residuos contaminados

y sólo me ciega la luz de lo que nunca fue.

Porque fuimos.

Fuimos agua y fuimos aire.


Fuimos la isla de pascua enterrada hasta el cuello,

una roca porosa que sí se moja cuando llueve.

Fuimos el templo de Bongeunsa en medio de una misa

y el último piso de la torre Eiffel.


Fuimos el armario de los vestidos de fiesta de mi madre

y una copa rompiéndose en medio de la cena.

Alegría.


Fuimos la muralla de Ávila soportando enemigos imaginarios

y el acueducto segoviano más seco que cualquier desierto.


Fuimos las cabalgatas del orgullo, de reyes y de reproches.

La estantería con libros de Oscar Wilde.

Mi vestido blanco de graduación

y el diploma que te da la enhorabuena por ser uno más.


Nosotros fuimos.


Pero algún día dejaremos de ser.

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