LOS MILLENNIALS

Hoy quiero hablar de un tema que no es poesía, ni cine, ni feminismo, ni política, pero que me molesta demasiado como para no hablar sobre ello. 

LOS MILLENNIALS.


Sí, sí. Exacto. Los millennials. La Generación Y, de la que formo parte y que noto constantemente como se empeñan en desacreditar. Llevo ya tiempo notando una creciente obsesión, especialmente en los medios de prensa españoles (sobre los que más informada estoy, como es lógico) con el tema de la generación millennial y su comportamiento. 


Siempre soy muy partidaria del discurso melancólico de cualquier tiempo pasado fue mejor pero hoy voy a hacer de abogado del diablo y voy a exponer mi punto de vista sobre el presente. Así, dejando las idealizaciones a un lado.


No es extraño coger cualquier revista o artículo de prensa y encontrarte titulares como “Lo que los millennials no comerían nunca”, “Los gestos básicos del lenguaje millenial”, “Las extravagancias que los millennials consideran normales”, "La camisa que los millennial no se quitan y que necesitas" y un montón de bobadas más explicadas a lo largo de dichos artículos, con los que claramente no me siento identificada, y que demuestran la fijación que la mayoría de la sociedad pasados los cuarenta tiene con nosotros. 



Millennials por aquí, millennials por allá. Se nos culpa de muchas cosas y se nos ridiculiza por muchas otras. Estas navidades, sin ir más lejos, surgió este tema en la cocina antes de la típica cena familiar y fue cuando decidí echar un ojo a todas estas suposiciones y hechos sobre los que tanto se nos acusa.


Para empezar, no se sabe exactamente dónde fijar el inicio de la generación (quizá finales de los 80) pero sí coinciden casi todos los datos en que finaliza a mediados de los 90 (1995/1996), aunque algunos estudios lo alargan hasta el año 2000.  Esto quiere decir que actualmente los millennials se encuentran en un rango de edad entre los 18 y los 30 (lo dejo así con un poco de margen para que nadie se me eche encima con las cifras). Que yo sepa, la gente con esa edad o bien ya está en la universidad o trabajando o buscándose la vida de alguna manera, NO haciendo retos estúpidos con el telefonito.


Se dice, siempre exacerbando la incultura que se nos presupone, que alrededor del 30%  de los millennials no se sienten representados por ninguna religión o corriente política, pero ¿qué pasa si el punto de vista no es que no nos sintamos representados no por ser unos incultos, sino por tener la suficiente capacidad de pensamiento crítico como para poder cuestionarnos las bases de las religiones? ¿O no sentirnos identificados con las doctrinas políticas establecidas porque vemos que lo que defienden los partidos políticos y lo que luego hacen es una pura pantomima? 

Esto por supuesto sin contar los que sí están de acuerdo con alguna ideología y saben cómo defenderla, que sinceramente, son la mayoría de los millennials que conozco.


Otra de las cosas sobre las que se nos mete mucha caña es la tecnología. “El 20% de los millennials se ha hecho un selfie en los últimos tres días”, “Los millennials y la tecnología de lo estúpido” etc. Bien. Lo admito. Estamos enganchados a los aparatitos, y a lo que hay dentro de esos aparatitos. Yo la primera. Pero también gracias a esa tecnología hemos creado un modelo nuevo de vida que no sólo abarca las relaciones humanas, sino también las laborales. Se nos tilda de auténticos retrasados cuando se habla de “antes de todo esto”.  



No se confundan. Los millennials no nacimos con un ipad debajo del brazo. Nosotros veíamos las pelis en VHS y nos llevábamos el cómic al baño para cagar; pasamos del walkman, al discman, al mp3 y luego al ipod; comenzamos a utilizar Windows cuando el fondo de pantalla ni siquiera era el campo verde, sino una pantalla azul, y el monitor te ocupaba dos mesas y media; pasábamos archivos en disquetes antes de que se pusiesen de moda los Cd´s; hasta los quince (que no es hace tanto) no tuvimos nuestra Blackberry para comunicarnos al momento desde cualquier punto, y ni que decir tiene que sabemos utilizar cosas estúpidas como un mapa sin necesidad de tecnología.


Por si no fuese suficiente, he leído en otra parte que también se nos conoce como la Generación Peter Pan, porque aparentemente vivimos más tiempo en casa de nuestros padres. Hay que joderse, tener 19 años y vivir con tus padres te convierte en un vago. No obstante, antes de cuestionarlo, me he comparado a mí y a todos mis queridos amigos millennials y resulta que la mayoría de los que conozco no viven en casa desde los dieciocho, cuando se fueron a estudiar a la universidad. Es más, casi todos los amigos de mis padres que se quejan del típico hijo que no se va de casa no es de la generación millennial sino de la Generación X, la anterior. 


Es posible que en algunas cosas se nos pueda infantilizar más, pues si comparamos nuestros procesos de maduración con los que vivió la generación de nuestros padres vamos a perder por goleada, (sin ir más lejos, mi padre empezó a trabajar a los catorce y yo a esa edad todavía estaba esperando mi carta de Hogwarts) pero también tenemos un estilo de vida muy diferente. Quizá somos más infantiles porque tardamos más en crear lazos de unión con las personas y en comprometernos con ellas, pero a la misma vez tenemos mucha más información y exploramos el mundo de manera mucho más extensa de lo que ellos lo hicieron a nuestra edad. Esto se basa en que tenemos un pensamiento más estratégico y valoramos mucho más nuestra libertad y la autonomía, aplicándolo, supongo, a todos los campos de nuestra vida.


Por supuesto, existen miles de jóvenes de la Generación Y que no saben hilar dos pensamientos seguidos, ni saben argumentar o defender algún contenido en concreto, pero también existe gente mucho más mayor que ellos con el mismo problema, y culpar a primer grupo de los problemas que tenemos o que vamos a tener en un futuro es una hipocresía total, ya que si los primeros estuviesen educados, los que viniesen detrás también lo estarían.



El resumen de todo esto no es ni más ni menos que el hartazgo de la constante generalización sobre si somos unos vagos, unos niñatos o unos incultos. Los millennials, les guste o no, somos la siguiente generación que va a establecer las bases de la sociedad a nivel global, y el cambio siempre es difícil de aceptar. Nosotros no nos dedicamos a comernos el detergente, esnifar condones o jugar con spinners, nosotros creamos negocios basados en la cooperación y la creatividad y rechazamos los modelos de trabajo basados en la Revolución Industrial, pues como decía el tweet de una chica que he leído esta mañana, “somos la generación que no se conforma; la generación con ansiedad y Síndrome de Déficit de Atención que come tostadas de aguacate mientras se parte el culo para pagar la educación y  encontrar trabajos dignos dentro de la economía que USTEDES (los no millennials) han arruinado”. Así que dejen de tocarnos los huevos.