LA VIDA


Me agobia pensar en la muerte porque sé que es una cuenta atrás que vuela, porque todas las cuentas atrás que vivo me adelantan sin que apenas me de cuenta. Los finales que de pronto se hacen tangibles. 

Dejar de sentarte al lado de tu mejor amiga en clase. Dejar de vivir bajo la protección de tus padres. Dejar la universidad y verte en medio de la vida adulta. Dejar el hogar que te has creado luchando y con lágrimas. Que te obliguen a dejarle a él. 

Es demasiado duro enfrentarte a la perdida. Y el problema es que nunca se termina. Siempre hay algo que vas a perder y perderás. Algo que te arrebatarán o que te abandonará. 

Así hasta que te llegue tu final.

Siempre doy por hecho que los finales son en una cama, anciana, después de haber vivido años y siempre pensar que no habré hecho lo suficiente, pero ya no habrá vuelta atrás. 

Lo sé porque siempre que vivo una cuenta atrás pasa rápido y me arrepiento una vez que todo ha terminado y sólo queda el silencio de mi soledad.

Siempre lo escribo, lo mío es ser feliz a toro pasado. Así soy. 

Pero ni la muerte es un bálsamo que te abraza, ni sucede tarde y débil, 

ni se pueden contar los minutos que perdemos

ni podemos recuperar los momentos que aprovechamos.