KIERKEGAARD



En el mundo real te haces amiga del lobo, pero si te come nadie viene a abrirle la tripa para sacarte de ahí. En el mundo real las personas prefieren escuchar una mentira bonita que una verdad que les desgarre, porque en la vida real vivir en la mentira a veces está penado con la realidad. En el mundo real no suele haber segundas oportunidades. En el mundo real sigo jodida por ti y después de dos libros y tres pelis de la saga sigue sin aparecer el elegido.


En la vida real el protagonista es el otro y el antagonista somos los demás.


En la vida real los cuentos no salen tan bien. En la vida real los malos no son castigados por el daño que te hacen. En la vida real tú tampoco eres el bueno.


En la vida real habrías tenido una mierda de noche porque te habrías quedado con el vestido roto sin salir de tu cuarto, y, en caso de haber ido al baile, habrías perdido el dinero del zapato, vuelto a casa descalza y sin taxi, y al príncipe le habrías sudado los cojones al día siguiente.


En la vida real cuando te pinchas no tienes la suerte de dormirte indefinidamente hasta que te despiertes un buen día con toda la vida solucionada porque en la vida real tienes que aceptar las consecuencias de tus actos y enfrentarte a tu puta mierda de situación.


En la vida real si te hubieses colado en casa de los osos y te hubieses comido su comida te habrían devorado ellos a ti sin dejarte un mínimo margen para huir.


En la vida real todo es bien jodido.


En la vida real las coincidencias no existen porque solo pasan por pura coincidencia. En la vida real no existen hechizos ni ungüentos mágicos que te curen las heridas más profundas. En la vida real tienes que vivir con ello y nadie te lo va a reconocer, ni siquiera te van a dar una palmadita en la espalda y la medalla al más sufridor.


En la vida real la banda sonora va desacompasada a los gritos de tu cabeza.


En la vida real 101 dálmatas no son tan perros como la gente que te rodea.


La vida real es mucho más corta que la hora y media de película Disney.


En la vida real no sé cuánto hay de real.