AUNQUE TÚ NO LO SEPAS



Hoy empieza para Lucía la culminación de una etapa que, si bien no está cerrada en la memoria, está sellada con tinta. La tinta. Aquello que nos llevó a soportar y drenar todo lo que sentimos, siempre de manera tan intensa, durante aquella burbuja, hace ya casi tres años. Muchas más cosas han sucedido después de eso para todos los que volamos por los aires, porque aunque tú no lo sepas, fue una explosión de magnitud astronómica tanto para nosotros como para los que nos rodearon.  Había una vez dos niñas que estaban perdidas en el bosque y no se les ocurrió una idea mejor que irse a cobijar en la casa del lobo. De los lobos, diría yo, porque eran una manada al completo. Poco les asustó en aquel entonces, pensando que lo que les esperaba dentro no podía ser peor de lo que ya era. Se equivocaban. Se equivocaban mucho.  La manada les devoró en cuerpo y alma hasta que consiguieron escapar de ahí. Durante el secuestro, los lobos se apropiaron de su espacio vital, les robaban la comida que cazaban y el agua que bebían sin darles nada a cambio. Pasaron los meses, y ocurrió algo que suele pasar cuando alguien te retiene durante tiempo y no te deja escapar. Se llama síndrome de Estocolmo. Consiste básicamente en enamorarte de tu secuestrador. Bueno, la definición técnica es “desarrollar un vínculo afectivo”lo que en nuestro cuento se traduce por que a las princesas se les hacia el culito agua-limón cada vez que entraban los lobos por la puerta. Así que dejémoslo en enamorarse. Durante meses, las princesas dieron todo lo que tenían, empezaron a fundirse con sus captores, a adoptar sus modelos de comportamiento, a comulgar con sus ideas y a ser comprensivas con ellos.  “Si no son tan malos”, “No vienen porque están ocupados”, “Aparecen al final de la noche porque no han podido avisar antes, no porque seamos la última mierda a la que recurren cuando no tienen más plan”, “Los lobos están teniendo cachorros con las demás lobas de la manada, pero yo sé que en el fondo le gustan las humanas”, “De un momento a otro desconecta el móvil y no vuelves a saber nada de él hasta una semana después porque a los lobos no les funciona bien la pantalla del WhatsApp con las pezuñas”... Supongo que igual habéis visto las redes sociales de las princesas alguna vez en vuestra vida, y os suena eso de Thelma & Louise. Esperad que esto es muy gracioso. Resulta, que durante sus días en la cueva, las princesas recuperaron el clásico de Ridley Scott y se auto bautizaron como tal. ¿Por qué? Porque se creían Lah mAh MaLah, ClArOh. - Mira, tú puedes ser Thelma porque deja al soso del marido y de pronto se libera y se vuelve una loca del coño follándose a cowboys en medio de la carretera; y yo puedo ser Louise, porque loca del coño ya estoy, pero paso al siguiente nivel cargándome a la peña. - Ah, ¡Sí, sí! Qué buenísima idea, amiga. Oye, una cosa. ¿Pero estas dos acaban cascándola no?  - Anda es verdad - Bueno, pero la metáfora es que acaban muriendo pero porque ellas quieren - Sí, claro, claro... - Porque ellas quieren... no porque estén acorraladas por la poli… - Ah no, no, que va... es porque quieren…- Sí, sí, porque quieren...- Bueno, ¡pues que Thelma & Louise ¿no?!- ¡ Siiii ueee Thelma & Louise!


Resumen: Las  princesas pasaron meses y meses en aquel agujero creyendo morir por decisión propia, cuando no era del todo así. Finalmente, un buen día la cosa estalló. La princesa Thelma decidió que era el momento de confesarle a su captor su amor incondicional hacía él. ¿La reacción? Exactamente la que os imagináis. Un: “Chica ¿a dónde vas? Si yo soy un lobo. Ni me gustan las humanas ni me gustas tú” Thelma pensó que se moría. Tanto tiempo convenciéndose de que lo que sentía era amor de verdad, que ahora acababa de darse cuenta de que era todo una mentira. Y menos mal que él le contestó eso, porque si no, aún ahora, posiblemente seguiría en el agujero esperándole. El caso es que Louise, que había alargado el proceso de confesión, sabía que tras esto, Thelma corría el riesgo de jugársela y huir de sus secuestradores dejándola atrás.  Thelma pasó semanas sin hablar, tumbada junto al fuego sin moverse, hasta que un día se levantó, miró a Louise y le dijo: “Me voy de aquí, tú decides si quieres venir o no”. Louise dudó. Su temor había llegado. Sabía que lo correcto era huir de ahí, pero se lo pasaba demasiado bien dentro de la cueva. En algún momento iba a tener que enfrentarse a ello, y ese momento había llegado. “...Me voy contigo...”dijo un poco dubitativa. Aquella noche, Thelma le explicó el plan de huida, cuando los lobos estuviesen dormidos, ellas saldrían de la cueva. Cuando el momento llegó, muy sigilosamente caminaron hacia la salida, pero una de ellas pisó una rama que crujió e hizo despertar a los lobos. Corrieron rápido hacia la salida, pero los lobos son muy rápidos y se les echaron encima. Pelearon y pelearon. Thelma, moribunda y ensangrentada, llegó a la puerta seguida por Louise, pero justo cuando iban a salir, ésta última fue agarrada por su lobo. Thelma tiró de Louise de un lado mientras que el lobo tiraba del otro. Entonces Louise miró a Thelma y le dijo: - Corre - Tienes que venir conmigo - No, da igual, tú estás casi fuera, huye sin mí  - No quiero huir sin ti, si te quedas saldrás en pedazos - No importa, corre, yo te alcanzo.

Nunca la alcanzó. Louise soltó a Thelma, quien estuvo mucho tiempo después de eso en el hospital, para agarrarse de nuevo a su lobo e ir escapando de la cueva en los años venideros a trozos, como le gustaba hacer a ella. Hay varias versiones sobre este cuento. Ya sabéis, un cuento popular se puede contar de muchas maneras. Los lobos tienen su versión, la princesa Thelma la suya, la princesa Louise la suya... Dejarse la vida en unas páginas no es algo fácil, aún recuerdo cuándo tímidamente me abrí mi primer blog y le animé a Lucía a hacer lo mismo. Todo lo que escribíamos no se podía quedar en aguas de borraja. Lo que está sucediendo hoy es el fruto de toda esa timidez, de esos miedos, de esos dolores y de esas aventuras. Yo he pasado exactamente por el mismo proceso de publicar un libro con tu yo más íntimo, con las excusas que planteas, con la ilusión y los prejuicios que puede suponer, porque ya se sabe, lo malo de escribir de lo que conoces es que, pronto, todos lo conocen también. Y colorín colorado este cuento está inacabado. Porque la vida sigue. Porque aún quedan capítulos sin cerrar e historias que no se comparten. Porque, aunque tú no lo sepas, destruiste a alguien en tu épico paseo por el lado salvaje y aunque tú no lo sepas, no voy a decir que gracias a esa destrucción porque a vosotros no hay que agradeceros nada, pero gracias a la vida hoy puedes leer aquello que no has querido ver en todo este tiempo y porque, aunque tú no lo sepas, a ver si te dignas a saberlo de una jodida vez.